Se paró en mitad del camino
Escuchó las señales
En la noche de su despedida
Por fin, saldó la deuda
Tragó el veneno de su letargo
Y resignado, perdió la cuenta
Se miró casi sin verse
Flotando a la deriva
Asustado, perdido, inerte
Preso en su propia despedida
Decidió entonces cambiar la ronda
Reinventarse y hacerse único
Robarle la calma al mar
Renacer de las cenizas
Y quizá algún día volver a amar
Poco importa ya lo que eres o lo que fuiste
Solo queda este momento
El día en que renaciste